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Sobre este libro
La figura del apuesto e íntegro **Don Ventura de Pomerola** se impuso con tal fuerza en la mente de la autora, que esta sintió la vehemente necesidad de inmortalizarlo, cediendo a su absoluto dominio, cual heterónimo unamuniano o pessoniano.La novela nos adentra en un tiempo histórico convulso: los albores del siglo XIX, marcado por la ambición expansionista del déspota **Napoleón Bonaparte**. El emperador francés ve en la monarquía hispánica y el reino de Portugal la puerta hacia Sudamérica, en un afán por extender su imperio por el mundo.Don Ventura, un noble aristócrata de la Orden de Missaño y Altassera, es contemporáneo de Fernando VII, Chateaubriand y Fouché, la 'mano diestra' del tirano. Nuestro protagonista, un Duque profundamente versado en estética y la 'gaya ciencia', se deleita con los lienzos que representan el poder napoleónico, como los de David, Gros e Ingres.Con una prestancia y distinción inigualables, Ventura vive fausto y distante en la campiña cercana a París junto a su esposa, Eloïse. Sin embargo, su intelecto lo lleva a involucrarse en las contiendas continentales. Encarga a su amigo volteriano, Sixto, que traslade libelos ilustrados a la España invadida, una misión arriesgada que sortea los controles de seguridad imperial.Posteriormente, la trama se traslada a la Inglaterra del Duque de Wellington. Allí, el Duque de Pomerola se une a una frenética actividad de espionaje en Londres, colaborando con un perspicaz irlandés llamado Mckeown, enviado por Fouché. Juntos, se adentran en las situaciones más arriesgadas en busca de su simbólico 'vellocino de oro', indagando sobre figuras como el Duque de Portland.Montado en su bruñido carruaje, Ventura se impone con voluntad de hierro en cada circunstancia, superando miles de peligros. Libre y de temple acusado, el duque vive sus días íntegros en continua blancura, evitando caer bajo una férula ajena, mientras Francia anexa territorios a la Confederación del Rin y Napoleón fija su mirada hambrienta en Rusia.